[Carta a la Redacción] Colombia: Claudia marcha por una educación gratuita ¿y usted?

Autor: 
Malely Linares Sánchez, desde Bogotá

 

Claudia Guzmán, camina presurosa entre las calles del centro de la ciudad, sabe que ese día se lo descontarán de su sueldo, pero el tema no le inquieta tanto como el de no participar en la marcha del 10 de noviembre.
Claudia vive en un barrio al sur de la Capital colombiana, junto a su madre y dos hermanas. El próximo año la menor se graduará de bachiller en un colegio público y su otra hermana hace pocos meses obtuvo el título de licenciada en Lenguas de la Universidad Distrital, el mismo al que ella aspira.

Desde hace algún tiempo  sus angustias aumentaron al saber que se había radicado en el Congreso la  reforma a la Ley 30 de 1992, que contenía varios puntos cuyo único fin era la mercantilización y la privatización de la educación. Así que se ha sumado a las diferentes acciones lideradas por cientos de estudiantes, en un comienzo de universidades públicas y a la que se adhirieron universidades privadas y colegios.
Con “besatones”, “abrazatones”, flashmobs y otra serie de despliegues creativos, esta joven de 25 años se ha hecho participe de estas movilizaciones cuyo precedente más cercano se remonta a los años 60´s cuando los estudiantes se enfrentaron al gobierno de Carlos Lleras Restrepo y a sus infiltraciones.
Es casi medio día y Claudia espera ansiosa a los cientos de estudiantes que llegan de otras regiones del país para tomarse las calles bogotanas y gritar al unísono, bajo esta ola invernal: “llueva o truene la marcha se mantiene”, su universidad será la anfitriona. Ella está feliz porque su madre decidió acompañarla y porque asegura: “la educación es lo único que le puedo dejar”, por eso se une a otros padres.
Así bajo el inclemente granizo se congregan casi 200.000 mil estudiantes, en la “Toma a Bogotá”, convocada por la MANE (Mesa Amplia Nacional Estudiantil). La joven no deja de gritar: “menos fusiles y más lápices”, “viva la u, viva, viva la u, viva, viva la universidad, no la dejes no, no la dejes no, no la dejes privatizar”. Canciones en forma de parodia, chistes, hicieron que por unas horas los marchantes olvidaran que estaban bajo el aguacero.
Mujeres y hombres desnudan sus torsos y hacen de él su mejor lienzo, un carnaval en pro de la educación,  en el que docentes, sindicalistas, estudiantes y movimientos de izquierda son uno, que ante la mirada de más de un desprevenido causan la simpatía propia de una sonrisa que les invita a unirse. Otros un poco más apáticos se preguntan el por qué salieron a marchar si el día anterior el presidente Santos había anunciado el retiro del proyecto de reforma a la Ley de Educación Superior.
Sin embargo, Claudia y todos los demás dicen que hasta que no se cumplan los puntos pactados no levantarán el paro, ellos saben que puede ser una simple estrategia del gobierno para fragmentar lo que han logrado, por eso se mantienen firmes.
La lluvia de agua y papeles picados no para, así como tampoco el ánimo de los asistentes, quienes ponen más en alto las pancartas y visualizan los eufóricos saludos de la gente que los observa en los balcones, y ventanas de los edificios, a lo largo de la carrera Séptima. 
Son las tres de la tarde y la joven se encuentra frente al edificio de Colpatria, ve como algunos de sus compañeros disfrazados de payasos abrazan a los policías. David, con su equipo de reportero les pregunta qué opinan de la marcha, algunos de los uniformados tapan sus rostros y dicen que les tienen prohibido hablar, pero otro  dice que está de acuerdo, que su lucha es justa y que quiere educación gratuita y de calidad para sus hijos.
Para desconcierto de algunos medios masivos de comunicación los estudiantes marcharon, indignados, pero en calma, pese a sus pronósticos tuvieron que resaltar la magnitud del movimiento y su importancia en la historia del país como líderes democráticos. Son una juventud crítica que no está sola y que no es indiferente a la realidad.
Son las cuatro de la tarde, Claudia le pregunta al amigo zanquero, que va a su lado: ¿cómo se ve todo desde arriba? Casi a dos cuadras de la Plaza Simón Bolívar- “está tetiado, pero vamos a entrar”- le responde, a una cuadra del lugar pudo ver la gigantesca estructura en forma de pino que será la base del árbol de navidad, pero que ese día se cubre de pancartas referentes a todas las universidades y organizaciones presentes.
El piso tiembla entre los saltos de los marchantes. Claudia está frente a la tarima, emocionada, consternada, feliz con las tonadas musicales y la fiesta. Está cansada y tiene  un poco de hambre, lo único que ha comido es un sándwich que vendían en una caja con un letrero que decía  “sándwich antirreforma”.
Son las seis de la tarde, sabe que debe ir a preparar las clases del día siguiente del colegio privado donde trabaja, así que con pasos lentos tararea junto a su mamá rumbo a la carrera Décima, nuevamente camino al sur. Pero espera salir de nuevo el próximo 24 de noviembre cuando a su voz se sumará la de los estudiantes chilenos quienes llevan seis meses en paro.

Fecha: 
17 Noviembre 2011