Las limitaciones de los métodos anarquistas

Autor: 
Evert Beltrán González

 

“Las teorías del anarquismo son como un paraguas lleno agujeros: inútil, precisamente, cuando llueve”

León Trotsky

Estamos viviendo un periodo para nada normal, las contradicciones del capitalismo hacen que salgan a la luz todos y cada uno de los problemas que le son inherentes y que marcan la caducidad de dicho sistema. Así mismo, vemos también como cada vez más explotados ponen en sus manos su futuro y salen a las calles a luchar por mejorar las condiciones de vida, que el capitalismo arrebata. Así, hemos visto movilizaciones multitudinarias, en los meses recientes ha sido el magisterio disidente que se agrupa en la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), pero también hemos visto a la policía comunitaria en Michoacán y Guerrero principalmente, en menor grado algunos estallidos en las escuelas o concentraciones del Morena, movilizaciones que con distintos grados de participación e intensidad demuestran algo claro, estamos viviendo un periodo de lucha.

Por ello se hace necesaria una explicación sobre ciertos métodos que se han utilizado y que no ayudan en lo más mínimo al movimiento en general, más aún lo perjudican, es decir, el ultraizquierdismo de los grupos anarquistas, que se deriva de su sectarismo y de su “ideología”.

¿Qué es el anarquismo?

Aunque no es este el espacio idóneo para hacer un análisis detallado del anarquismo, considero importante al menos esbozar las principales directrices del mismo, sobre todo con el fin de ver de dónde surgen sus métodos de lucha y por ende sus acciones.

La “teoría” del anarquismo ha tenido significativos representantes, entre los que destacan Proudhon, Bakunin, Kropotkin y Buenaventura Durruti, podemos decir, a excepción de este último que al final de su vida se fue deshaciendo de los prejuicios anarquistas y en la práctica se acerco al marxismo revolucionario, que la “teoría” anarquista es individualista, confusa, superficial y cargada de prejuicios pequeñoburgueses.

Para los anarquistas el estado es un instrumento de opresión que debe de ser eliminado. Los anarquistas creen que después de derrocar el estado burgués, imperara la anarquía y todos los problemas se resolverán, algo que sin dudas está muy alejado de la realidad. La teoría marxista por otra parte, explica que los trabajadores tendrán que tomar el control del estado e irlo desapareciendo de manera paulatina, sobre todo para no dejar que la burguesía regrese al poder.

Partiendo de lo anterior, los anarquistas consideran que se no necesita de partidos ni dirigentes, algo que además de falso no es lógico. Si bien por el momento no gozamos de dirigentes revolucionarios en los partidos de izquierda o en los sindicatos, eso no justifica que no deba existir una dirección, sino que justifica la lucha por la sustitución de esas direcciones. Así mismo, para los anarquistas es imposible la existencia de dirigentes, ya que son corruptos, eso es correcto en algunos casos, pero no es una regla general, en una huelga en una fábrica hay una dirección, y los trabajadores elegirán a la persona que saben defenderá sus intereses, no será una elección al azar. Al negar la importancia de la organización y la dirección, los anarquistas desean mantener el movimiento en un estado embrionario, desorganizado y poco profesional.

Para los anarquistas cualquier cosa que implique democracia es autoritarismo, ellos abogan por el consenso que, según es la mejor forma para que todos queden satisfechos y no se imponga la “voluntad” de la mayoría sobre la minoría, sin embargo resulta ser todo lo contrario, pues si es una reunión la mayoría decide realizar una serie de acciones y hay una persona que no esté de acuerdo, se vuelve infructuoso el debate que se ha tenido, ya que se impone la “voluntad” de la minoría sobre la mayoría.

Teoría y práctica del anarquismo

La “teoría” tan confusa del anarquismo, hace que ellos mismos se confundan, lo que los lleva a contradecir algunos de los aspectos básicos de su “teoría”, siendo que algunos de ellos se autoproclaman “dirigentes”, tomando decisiones sin consultar a los demás.

En casos más alarmantes han traicionado a la clase trabajadora, Kropotkin se olvidó de sus ideales anarquistas y apoyó a los Aliados en la Primera Guerra Mundial, pero no fue el único. Los anarquistas rusos llamaban a derrocar el estado obrero de los soviets y en España la dirección de la  CNT, la mayor organización de los trabajadores españoles, se negó a tomar el poder en Cataluña, lo que significo la reorganización de la burguesía y contribuyó al triunfo del fascismo.

Como hemos visto su confusa “teoría” les ha jugado chueco a los anarquistas, sobre todo al momento de llevarla a la práctica, sus métodos (la acción directa) reflejan esa confusión. Se enfocan en actos esporádicos de violencia por parte de grupos pequeños o de manera individual: disturbios sin sentido, pinta y rompimiento de aparadores o cristales de tiendas de autoservicio, incendios, etc., pero que no conducen a nada positivo. Se limitan a desequilibrar a las capas más amplias de la clase obrera y dar a la clase dominante una excusa para la represión del movimiento en su conjunto. Sus actos ultraizquierdistas los llevan a que sean golpeados y detenidos, lo que los lleva a posturas todavía más sectarias respecto al movimiento general.

Hay una fuerza superior a la de los pequeños grupos anarquistas, es la fuerza de la clase obrera, que una vez que se organiza y moviliza puede transformar la sociedad. Debemos de apelar a esa fuerza increíblemente mayor que a la de un puñado de individuos.

Fecha: 
septiembre 2013