Ricardo Flores Magón, un legado de lucha por el comunismo

Autor: 
David García Colín Carrillo

“Los que se someten, los que renuncian al ejercicio de sus derechos no sólo son débiles: son también execrables […] no hay virtud en el servilismo” [Ricardo Flores Magón].

Ricardo Flores Magón no es simplemente precursor de una revolución que fue secuestrada por el ala conservadora y burguesa que daría origen al PRI, sino fue un militante anticapitalista que luchaba no sólo contra un régimen dictatorial, sino contra el sistema de explotación capitalista y por la instauración del comunismo. Mediante el periódico Regeneración –que publicó intermitentemente, en el exilio y con nombres distintos durante 18 años- intentó aglutinar a la oposición para organizar al movimiento de masas y al armamento del pueblo rumbo al derrocamiento del capitalismo.

Regeneración no fue un periódico reformista que profesara el pacifismo y la conciliación de clases sino un periódico que intentó instaurar el comunismo. En este breve artículo trataremos de hacer un balance de los aspectos que debemos retomar y aquéllos que consideramos incorrectos del gran revolucionario Ricardo Flores Magón y sus compañeros como Librado Ribera y Jesús María Rangel. La represión porfirista al Partido Liberal Mexicano (PLM), fundado en 1901, hace que Ricardo Flores Magón vaya girando a la izquierda, desde un liberalismo radical, hasta la conclusión de que la lucha legal y democrática formal es impotente por sí misma, frente al régimen de Díaz, sobre todo de que el movimiento antiporfirista se debe orientar hacia el derrocamiento del régimen y del sistema, esto sólo se puede lograr con el movimiento de las masas, de los trabajadores encabezados por ellos mismos para instaurar la comuna anarco-comunista. El rompimiento con el ala liberal y reformista de Camilo Arriaga (que comienza en 1903 y se cristaliza en 1905) se expresa en el manifiesto que el PLM lanza desde el exilio en 1906 y que manifiesta la hegemonía del ala radical y anticapitalista en el PLM. En este manifiesto se recogen toda una serie de reivindicaciones obreras y campesinas que si bien, por sí mismas, no rompen con el capitalismo sí orientan a las masas hacia su derrocamiento en tanto el sistema es incapaz de cumplirlas. Magón es consciente de este rompimiento y lo expresa abiertamente, las demandas democráticas deben servir para organizar a los trabajadores y elevar su nivel de consciencia en su enfrentamiento contra el capital y la burguesía. El planteamiento resulta muy similar al del “programa de transición” de Trotsky. Significativamente el anarquismo sectario- desde Francia con Jean Grave- acusará a Magón de traidor a los ideales anarquistas por defender consignas políticas y democráticas. Este aspecto de las ideas de Flores Magón es de absoluta vigencia. Para llevar estas ideas a la práctica el PLM imprime miles de volantes con el programa y se impulsa una táctica de organización en torno a la formación de clubes clandestinos –que agrupen a los miembros consolidados del PLM-, clubes celulares más abiertos que sirvan para enlazar a los militantes del PLM con el movimiento popular y sindical (podríamos decir una plataforma abierta para entrar en contacto con el movimiento) y, finalmente, la formación de una estructura militar que pueda formar el brazo armado de la insurrección y servir como el “chispazo” que desencadene el levantamiento de la masas, este último aspecto – el militar- recuerda a los planteamientos del foquismo guerrillero del Che. El planteamiento general es, en abstracto, correcto pero la lógica militar tenderá a dominar a los demás aspectos, la organización y represión de sucesivos intentos de levantamiento armado –impulsados por el PLM- en 1906 y 1908, y las brutales oleadas represivas que le siguieron, tenderán a obstaculizar el contacto del magonismo con el movimiento obrero y campesino, condenarán a los cuadros a exilios y encarcelamientos, dificultarán la consolidación de los clubes y los cuadros políticos que podrían haber hecho un contrapeso político al ala maderista y constitucionalista que hegemonizará políticamente a la revolución. Así el prometedor enlace del magonismo con el movimiento obrero –manifestado en las famosas huelgas de Cananea y Río Blanco, organizadas por los clubes celulares del PLM- no se consolidará y los contactos con el movimiento minero se desperdiciarán en la organización insurreccional –por ejemplo se saca a los mineros de su entorno laboral para integrarlos a pequeñas cuadrillas guerrilleras- De esta forma el ascenso de las masas campesinas en 1910 se encontrará a un magonismo debilitado, que si bien pudo encabezar las primeras acciones militares que dio la revolución de 1910 en la frontera norte, quedará diluido en el movimiento de masas y la mayoría de sus afiliados integrados acríticamente al maderismo. En este punto la crítica al magonismo no tiene nada que ver con prejuicios pacifistas sino señala la subordinación de la lógica política a la militar. El alzamiento armado es efectivo cuando se ha ganado políticamente a las masas con una organización y un programa. Al menos esa fue la lógica con la que los Bolcheviques derrocaron al desprestigiado Gobierno Provisional. Madero reprime al magonismo e incluso manda arrestar a dirigentes como Prisciliano Silva, quien participó en la toma de Guadalupe. De forma correcta, Flores Magón había planteado la necesidad de establecer un Frente Único con Madero pero como resultado de las traiciones de éste, un debilitado PLM rompe violentamente con el caudillo denunciándolo como traidor y burgués, un gobierno al que había que derrocar por la vía armada, en un último intento armado se improvisa un levantamiento contra Madero en 1911 en Baja California que naturalmente fracasa. Trágicamente, al mismo tiempo que su fuerza disminuye, Ricardo Flores Magón llega a la importante conclusión de que los trabajadores deben no sólo expropiar la tierra sino la industria. Si bien los señalamientos de Magón contra Madero estaban más que fundados, la forma en que fueron planteados y el intento prematuro de derrocar a Madero tendió a aislar aún más al magonismo separándolo de sus aliados naturales: los campesinos –sobre todo el villismo- que aún confiaban en el hacendado. La falta de comprensión del ritmo del proceso de toma de consciencia de las masas llevó a Regeneración a acusar a Pancho Villa de simple ladrón. Sin duda había necesidad de una completa independencia ideológica frente a Madero, pero al mismo tiempo se necesitaba comprender que en esos primeros momentos las masas confiaban en él, Madero era el que había despertado a los campesinos a la vida política –eso explica que Pancho Villa haya desarmado a los magonistas en la frontera-. Lo que había que criticar pacientemente, a pesar de los ataques de la dirección burguesa al magonismo, eran las limitaciones del programa de Madero y la necesidad de trascenderlo dentro del movimiento mismo. Este error sectario, aunado a la represión y al carácter eminentemente campesino de la revolución, le costará al magonismo su marginación del proceso revolucionario. El magonismo tuvo varias oportunidades de enlazarse al movimiento de masas, una en 1912 y en otras ocasiones, la última oportunidad se da cuando Zapata le ofrece a Magón trasladar la publicación de Regeneración de EUA al Estado de Morelos con la imprenta de San Rafael bajo control zapatista. Sorprendentemente Magón rechaza la oferta –alegando el respeto a la autonomía política del zapatismo- y pierde la última oportunidad de influir políticamente en la dirección de la revolución. Como señala Bartra en “La Oveja Negra”, sólo basta imaginarse la convención de 1914 con la presencia política del magonismo y sus ideas sobre expropiar a la burguesía, para visualizar un desenlace diferente para la revolución mexicana. A pesar de los errores, el magonismo es símbolo de lucha anticapitalista, de defensa de los intereses de los trabajadores, de una irreconciliable oposición a la burguesía y a su Estado, de lucha por una sociedad comunista. Si bien no encabezó la revolución, sí la influyó: el zapatismo tomó la consigna “Tierra y libertad” de Regeneración, también influyó por medio de los políticos radicales “jacobinos” que introdujeron parte de las consignas obreras en la constitución de 1917. El legado anticapitalista irreconciliable y honesto es el que recogemos. La lucha por el comunismo es el legado y el mejor homenaje al gran revolucionario.

Fecha: 
29-Enero-2014