A 1968 no debemos recordarlo melancólicamente, sino como una guía para la lucha de hoy

Autor: 
Claudio Román, CLEP

Mientras escribíamos las últimas líneas de este artículo, nos llegó la lamentable noticia de que Raúl Álvarez Garín perdió la batalla contra el cáncer. En 1968, este joven de ideas comunistas, se convirtió en delegado del Consejo Nacional de Huelga (CNH) por la Escuela Superior de Física y Matemáticas del IPN y en uno de los principales dirigentes del movimiento. Fue un militante de izquierda hasta el día de su muerte. Cuando publicaba su periódico Corre la Voz, en más de una ocasión nos brindó su local para tener reuniones que nos ayudaran a la organización y la formación política. En diversas ocasiones visitó nuestras escuelas para hablar de la lucha de 1968 que siempre levanta interés entre los estudiantes de una generación tras otra. Recordamos sus palabras en una de esas charlas organizadas por el Comité de Lucha donde nos llamaba a los estudiantes presentes que lucháramos por mejorar las instalaciones, que lucháramos por sacar un periódico, por construir un partido revolucionario, contra las cuotas o por el socialismo, pero que hiciéramos algo, que despertáramos y actuáramos. Él sabía bien de la importancia de tener un estudiantado activo, crítico, movilizado y politizado. Raúl muere, pero el ejemplo de la lucha de la generación de 1968, de la que él jugó un papel destacado, seguirá viva. 

 
Las autoridades politécnicas y el estado intentan que el movimiento del IPN no marche el 2 de octubre, buscan en todo momento desvincular la experiencia histórica de esta lucha para tratar de desviar el movimiento encaminándolo a una derrota. No se debe caer en su juego, no solo hay que movilizarse el 2 de octubre como parte de la defensa del IPN, sino que además hay que sacar las mejores experiencias de la lucha de 1968. Este artículo solo pretende dar una humilde opinión sobre algunas importantes enseñanzas del CNH e intentar sacar lecciones prácticas para la lucha de hoy y que el ejemplo de los compañeros de 1968, como Raúl, nos animen a seguir adelante sin desfallecer ni traicionar.
 
1968 fue el año de la revolución. Italia vivió grandes huelgas obreras, los jóvenes y trabajadores en Checoslovaquia luchaban contra el burocratismo y antidemocracia en el estado obrero, en Francia la huelga estudiantil fue solo el preludio de la huelga general obrera más grande de la historia, De Gaulle llegó a señalar que era cuestión de días para que los comunistas tomaran el poder. Esto era completamente factible, solo no se consiguió por el freno de la dirección estalinista del PCF. México vivió una insurgencia estudiantil que puso a temblar al régimen. Esta lucha sigue siendo inspiración al día de hoy y nos da importantes lecciones pues tuvo grandes aciertos, pero también errores de los que debemos de aprender.
 
El movimiento inició el 26 julio con una marcha en protesta de la represión policial en la ciudadela por una pelea entre porros de la voca 5 y la preparatoria Isaac Ochoterena, en la que fueron golpeados compañeros de la comunidad. Una represión y pelea de ese tipo no era nada extraño en aquel tiempo, sin embargo ahora la indignación fue mayúscula y la base estudiantil presionó a la Federación Nacional de Estudiantes Técnicos (FNET), una organización corporativa que mantenía al estudiantado bajo control, para protestar. También se dio ese día una marcha en solidaridad con Cuba con gran presencia de la UNAM. Es muy probable que el Estado provocara que las manifestaciones se encontraran para provocar un conflicto, pues siempre habían fomentado la división entre politécnicos y universitarios, para su sorpresa no se dio un choque sino la unidad, ante esto el Estado responde reprimiendo.
 
De forma abrupta se va a paro el IPN junto con algunas escuelas de la UNAM, como las preparatorias ubicadas en el centro histórico. El 30 de julio en la preparatoria 1, ubicada en la calle de Justo Sierra, el ejército dispara un bazucazo y toma la prepa 1, 2 y 3 hiriendo y deteniendo a compañeros. La UNAM y otras universidades se sumarian a una lucha común. Esta unidad donde se rompieron las barreras entre escuelas, universidades y el pueblo. El movimiento decidió un pliego petitorio con demandas no académicas sino políticas, que buscaban obtener libertades democráticas.
 
CNH: un ejemplo de democracia estudiantil
Para el Estado este movimiento solo se podía explicar por la presencia de agentes comunistas externos actuando en las escuelas. Los estudiantes sabían bien que ellos luchaban con conciencia propia, pero tampoco cayeron en el error, frente a estas acusaciones, de satanizar a los estudiantes organizados en la Central Nacional de Estudiantes Democráticos (CENED), muchos de ellos de filiación comunista. Lo que sí se hizo fue desarrollar un mecanismo democrático de lucha. Si tu escuela estaba en huelga, tenías derecho a elegir, por la vía de la asamblea general, a 3 representantes que debían llevar los acuerdos de la asamblea al CNH. Con ello se evitaba el caos, pero también se daba mecanismos que dieran cohesión y dirección al movimiento. Todo estudiante tenía los mismos derechos en la lucha, si eras comunista, cristiano o lo que fuera, si pertenecías a la CEDEN, a otra organización o a ninguna, podrías hablar en las asambleas y expresar libremente tus opiniones, no había ningún tipo de prejuicio y discriminación 
por eso. Esto permitía mantener la unidad de la lucha y tomar medidas de control frente a cualquier exceso o error de los activistas. Si el movimiento de 1968 hubiera impedido la participación de los estudiantes organizados en la CENED dentro de sus estructuras, simplemente hubiera desechado a algunos de sus mejores elementos, pues varios de los que se convirtieron en los principales dirigentes provenían de esta organización. Cada escuela no solo tenía el derecho de elección de delegados, sino que los podía cambiar en cualquier momento, de tal forma que si algún dirigente intentaba traicionar, la base fácilmente podía tomar cartas en el asunto. No se actuó por la vía de la exclusión de las distintas tendencias políticas, lo cual hubiera significado el debilitamiento y la división del movimiento, sino bajo la inclusión de todos los estudiantes y el control democrático de la base sobre los dirigentes. El CNH tenía el sentir de la base, pero también se elegían a los mejores cuadros para representarles, el CNH no era horizontalista, pues era un órgano capaz de tomar decisiones directrices reflejando además el sentir de la base.
 
Esta estructura del CNH es de las más democráticas que podemos encontrar y se ha usado en otros momentos de la lucha. Hace pocos años, en el 2007, se atacó a los trabajadores estatales con los cambios a la ley del ISSSTE, se formó un Consejo Nacional de Huelga, en el caso del IPN se dio un ejemplo de organización y lucha. El CLEP, que tiene su origen en la lucha de 1968, llamó a los estudiantes a la unidad con los trabajadores, se logró unificar los tres sectores, también propuso trabajar bajo mecanismos democráticos como en 1968. En cada escuela cada sector tenía derecho a elegir delegados en sus asambleas. Eso permitió que los representantes sindicales que tenían el respaldo de la base fueran electos y donde había dirigentes burocráticos fueran trabajadores democráticos electos o también se dio el caso donde había delegados sindicales con apoyo de la base y tendencias críticas dentro de los sindicatos, esto permitía representar y escuchar a ambas posiciones. Esta estructura ayudó a la organización local, en escuelas como ESIA y UPIICSA permitió dar la lucha contra los charros sindicales y democratizar los sindicatos.
 
La base de organización del CNH en 1968, sigue siendo un modelo y un ejemplo. Debería ser estudiado en la actual lucha que ha iniciado en el IPN y aplicado para construir un movimiento fuerte, organizado y capaz de luchar eficazmente.
 
El paro como medio de lucha y la importancia de las brigadas
 
El paro estudiantil no es un fin en sí mismo. Cerrar una o muchas escuelas, por sí solo, no genera ningún daño al régimen. No afecta los intereses económicos del sistema y de su Estado y por tanto no es suficiente como medio de presión para solucionar nuestras demandas. Un método de lucha puede ser eficaz o no dependiendo en qué momento se use y como se aplique. La huelga en las escuelas libera al estudiante de la presión académica y laboral, pudiendo dedicar ese tiempo para la organización y la lucha. Tomar un edificio y no hacer nada, no ayuda a la lucha. Los estudiantes al ver que no es necesaria su presencia se pueden ir a sus casas, en vez de usar esas fuerzas para la lucha, un mal paro en vez de ayudar a fortalecernos, puede dispersarnos y desmovilizarnos. Los paros deben servir para organizarnos, para movilizarnos o para informar y sumar a mas compañeros a la lucha.
 
Las escuelas en huelga en 1968 estaban llenas de fermento y agitación que permitía explotar la creatividad de la juventud en lucha en beneficio del movimiento y sus demandas. Los edificios no se cerraban, se abrían para usar las instalaciones y su infraestructura para organizar la lucha, se tomaban las imprentas y de ahí salían miles de volantes para informar a los trabajadores.
 
Una de las más grandes aportaciones y fortalezas del movimiento de 1968 fueron las brigadas surgidas inicialmente de las escuelas politécnicas. Con miles y miles de volantes, pequeños grupos de estudiantes iban a las escuelas aun en clase, al transporte público, a los mercados, a las zonas fabriles, a las funciones de cine, etc. Se hacía uso de toda la creatividad, había brigadas que pintaban muros o las que capturaban a perros callejeros para colgarles mantas del CNH, una medida inteligente para difundir la lucha en un régimen de extrema represión.
 
Sin las brigadas el movimiento de 1968 no hubiera sido lo que fue. Estas podían contrarrestar la desinformación de los grandes medios de comunicación, vendidos al sistema. Fue gracias a esto que se consiguió un gran apoyo de los obreros y campesinos, hay compañeros que dicen que es incorrecto hablar del movimiento estudiantil de 1968, es mejor hablar del movimiento estudiantil y popular de 1968.
 
Gracias a las brigadas se consiguió desarticular actos de desprestigio contra el movimiento como cuando el gobierno de Díaz Ordáz movilizó a los trabajadores estatales en oposición al CNH, los cuales se les voltearon al gobierno y empezaron a gritar en repudio a ese acto. “Somos borregos, nos llevan. Beee, beee”. Sin las brigadas hubiera sido imposible entender marchas como la del 27 de agosto, con medio millón de personas en la calle, que llegaría al Zócalo.
 
Si el actual movimiento iniciado en el IPN quiere trascender, debe sumar a las otras universidades y al pueblo en una lucha conjunta contra los ataques que todos los sectores explotados y oprimidos sufrimos. Cualquier acción que divida, desorganice, aísle o impida la vinculación con los trabajadores y estudiantes de otras universidades, le estará haciendo un flaco favor a las autoridades y al Estado. Debemos impulsar toda acción que eleve el nivel de conciencia, nos ayude a organizarnos mejor y fortalezca nuestra lucha.
 
La importancia de la unidad con el movimiento obrero
 
Se desarrollaron importantes movilizaciones en 1968, una de las más importantes fue el 13 de septiembre con una marcha silenciosa, que en ese contexto fue una acción de suma importancia que daba respuesta al régimen de Ordaz que hacia todo tipo de acusaciones contra el CNH. Esta marcha mostraba el gran grado de conciencia del movimiento de masas. El problema es que se requerían algunas acciones de mayor fuerza que el estudiantado no era capaz de  realizar por sí solo. Los trabajadores se sumaron a las marcha, en algunos casos se hicieron huelgas de solidaridad, pero era necesario que la clase obrera entrara a la lucha con sus métodos de lucha como la huelga general. Eso es lo que hizo que el movimiento de Francia, el más parecido al mexicano en ese año de 1968, fuera más lejos y pusiera sobre la mesa la perspectiva de la toma del poder y la transformación socialista de la sociedad.
 
Uno de los errores más serios del CNH fue el no tener una política consiente de sumar a la clase obrera a la lucha, más allá de su presencia apoyando en las manifestaciones. No negamos el freno que implicaba la burocracia sindical charra, pero pensamos que era posible romperla con un fuerte movimiento de la base obrera influenciados por la lucha estudiantil.
 
Al recordando a José Revueltas a 100 años de su nacimiento, debemos de hacerlo no como un simple artista y escritor, sino sobre todo como un luchador comunista comprometido con la causa de la clase obrera y los estudiantes. José jugó un papel destacadísimo en 1968, siendo preso en Lecumberri no hizo ninguna concesión y se mantuvo firme en sus ideas revolucionarias hasta el final de su vida. Esta voz, completamente autorizada sobre esta lucha, planteaba la necesidad de formar Comités de Lucha en las fábricas que hicieran contrapeso a la burocracia sindical, que deberían nombrar representantes a un consejo obrero que con un consejo estudiantil, generalizaran la experiencia del CNH más allá de las escuelas (Ver Rubén Rivera Álvarez, José Revueltas y la Izquierda en México, Centro de Estudios Socialistas Carlos Marx, 2014, p. 197). 
 
Un movimiento de masas no puede permanecer permanentemente, el movimiento de 1968 hizo maravillas, pero faltó ese golpe mortal contra el régimen que hubiera sido la entrada del movimiento obrero a la lucha. El Estado optó por la represión abierta, el 18 de septiembre el ejército tomó Ciudad Universitaria, el 23 de septiembre los estudiantes politécnicos dan una heroica defensa del Casco de Santo Tomás, pero finalmente cae también en las manos del ejército. Aun con ello el movimiento se mantuvo en pie. Es ahí cuando el Estado comete uno de sus más grandes crímenes, asesinar a cientos de estudiantes indefensos en la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco, ese fatídico 2 de octubre de 1968.
 
En el momento actual sería una locura del Estado cometer una represión de esa magnitud, el país es un polvorín y eso podría levantar una gran respuesta de los trabajadores. Los costos políticos de esto serían enormes para el Estado. Prefieren recurrir a una represión más selectiva, a fomentar y hasta provocar las divisiones en el seno de la lucha y facilitar su desarticulación. La mejor respuesta contra la represión es una mayor organización y vinculación de todos los sectores, principalmente la clase obrera. Debemos luchar con firmeza y aprendiendo de los aciertos y errores del pasado, ese es el mejor homenaje a los compañeros que lucharon y murieron en 1968.
 
 
Los Comités de Lucha y la necesidad de la organización permanente
 
La huelga se prolongó hasta diciembre en condiciones muy difíciles, además que hubo estudiantes que no regresaron nunca más a las aulas, otros compañeros estaban presos o en la clandestinidad. Al levantarse la huelga a inicios de diciembre, en un mitin en la Plaza Roja de Zacatenco, la lucha debería continuar bajo las nuevas condiciones.
 
La estructura del CNH que fue útil en el pasado era ahora inoperante. En el transcurso de la huelga era imposible que el movimiento decidiera cada uno de sus pasos por la vía de las asambleas generales, fueron necesarias las comisiones, pero también se conformaron Comités de Huelga que ayudaban a la organización cotidiana de la lucha, aunque la asamblea daba las directrices centrales. Algunos de estos Comités decidieron llamarse Comités de Lucha, este nombre se generalizó cuando se levantó la huelga.
 
En algunos casos los Comités de Lucha eran electos por las asambleas, pero no era posible mantener ese mecanismo por siempre, de tal forma que en estas organizaciones participan compañeros de forma voluntaria, los CL no son de facto representantes de los estudiantes, solo a través del trabajo paciente y sistemático pueden convertiste en la cabeza del movimiento.
 
Los comités de lucha que lograron perdurar fueron los que por un lado pudieron vincularse y sumar a las nuevas generaciones a la lucha, bajo una postura revolucionaria y no sectaria y por otro lado, quienes lograron desarrollar cuadros capaces de dar permanencia a la lucha. Para finales de los años 90, el único Comité de Lucha que permanecía en pie era el de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME), desde ahí se emprendió la tarea de formar una organización que rescatara las mejores tradiciones de los CL y trascendiera los límites de una escuela o incluso de una institución de educación superior en particular, fue así que el CLESIME se transforma en el Comité de Lucha Estudiantil del Politécnico (CLEP).
 
La lucha del 68 no solo despertó, sino que politizó a miles de estudiantes que sabían de los límites de mantener la lucha en los ámbitos de las escuelas y el sector estudiantil. El Estado mexicano había mostrado su carácter reaccionario de clase en 1968 y la lucha por una mayor democracia no era suficiente, se requería solucionar los problemas sociales de los obreros y campesinos y sus hijos. Si bien podemos obtener mejoras y conquistas bajo este sistema, es imposible un cambio completo y total sin acabar con el injusto sistema capitalista. La tarea final no era esta u otra reforma, sino una transformación de raíz de la sociedad en líneas socialistas. 
 
Los estudiantes abrazaron las ideas del marxismo, porque así como necesitas de la ciencia para comprender la naturaleza y transformarla, también requieres de la ciencia para comprender y transformar la sociedad. La pregunta se ponía sobre la mesa era ¿Cómo el movimiento estudiantil puede contribuir a la lucha por la revolución socialista? A través no solo del debate, sino de la experiencia de los Comités de Lucha se publicó en un periódico llamado Unifiquémonos, una línea política (LP) que establecía las tareas. Esta versión se analizó hasta llegar a una versión la versión que conocemos en nuestros en nuestros días [ve: clep-cedep.org/linea-politica-comite-de-lucha].
 
Los estudiantes deben luchar por sus demandas concretas pero dejando en claro que la lucha por reformas no es el fin último, esta nos da la experiencia y confianza para llevar la lucha más lejos. A través de estas luchas el estudiantado también debe comprender que el problema va más allá, que el problema es el sistema capitalista al que debemos derrocar. En la LP se señala que el movimiento estudiantil debe ser una fuerza activa capaz de apoyar a la clase obrera en sus luchas inmediatas y generales y debe ser un semillero de cuadros políticos que ayuden a construir el partido revolucionaria de los trabajadores, una herramienta necesaria en la lucha por el socialismo.
 
La LP es un documento vigente aunque puede tener este u otro error de detalle, en la historia del movimiento estudiantil vimos excesos y errores, como el de compañeros que salían de las escuelas para ir a las fábricas para ayudar a la lucha proletaria. El movimiento estudiantil no puede sustituir a la clase obrera. No se trata de abandonar los estudios (aunque las condiciones materiales obligan a algunos compañeros a hacerlo) sino de aprender en la lucha estudiantil, ya que solo se es estudiante de manera temporal y al salir de las universidades lo que nos espera es la explotación o el desempleo, por lo cual la lucha no termina al egresar de la carrera. 
 
Muchas conquistas en el IPN se han obtenido gracias a la lucha de los politécnicos y los Comités de Lucha desde aumento a la matricula, creación de laboratorios, etc. También se ha luchado por la democracia sindical, por el respeto de los derechos laborales, contra el aumento de cuotas, contra el porrismo, contra la ley orgánica privatizadora, contra el nuevo modelo educativo y planes antidemocráticos, etc. de igual forma siempre nos hemos vinculados a las luchas generales de los trabajadores del campo y la ciudad. 
 
El sueño de las autoridades ha sido siempre el ver desaparecer a la organización permanente de los estudiantes y así hacer más simple el combate contra el movimiento estudiantil y la educación pública, para ello maniobran difundiendo mentiras como el que somos porros, vendidos, gente ajena a las universidades, etc. Además de esas campañas de calumnias hemos recibido golpes certeros, ataques porriles, compañeros golpeados, amenazados de expulsión, actas levantadas, la quema del local estudiantil e incluso presos políticos por defender la educación pública como ocurrió en el año 2007. Estos ataques se han podido revertir gracias a la organización y la lucha. 
 
46 años después la lucha continúa
 
En la época actual este injusto sistema capitalista no nos brinda ninguna vida digna ni viable. ¿Cuál es el futuro que se nos presenta a los jóvenes? Uno donde no haya ningún derecho, uno lleno de violencia y desempleo. Hoy no hay garantías, incluso estudiando, de poder tener una vida digna y decorosa. Los estudiantes de hoy seremos los trabajadores de mañana, pero pretenden que nosotros vivamos en condiciones de vida similares a la de la época del porfiriato. Nuestros recursos naturales se entregan al capital privado y la educación se pone al servicio de un puñado de parásitos capitalistas a los que nos les interesa el bienestar de la sociedad.
 
El despertar en el politécnico tiene el potencial de convertirse en una lucha igual o mayor a la de 1968, pero también puede, por maniobras de las autoridades y el Estado, ser desarticulada, secuestrada y desviada de sus objetivos, dividiéndola y aislándola de la lucha general de los trabajadores, lo que significaría su muerte. Hoy los ojos de los estudiantes y trabajadores del país están puestos en el IPN que se convierte en un foco y ejemplo. ¿Qué pasaría si los obreros electricistas y petroleros, que están siendo atacados, se unieran? ¿Qué pasaría si los trabajadores que están luchando por la defensa del petróleo se unificaran con el IPN? ¿Qué pasaría si los maestros, si las policías comunitarias, si los sindicatos nos uniéramos como un solo puño? ¿Qué pasaría si construirnos un nuevo CNH de los estudiantes y trabajadores de todo el país? ¿Qué pasa si la huelga no sólo fuera de estudiantes al IPN sino que se sumaran los estudiantes de la UNAM, la UAM, la UACM, las universidades estatales y la clase obrera? 
Si paralizamos el país, el objetivo de frenar los ataques al Politécnico y a la educación quedarían cortos, tendríamos la posibilidad de tomar el poder en nuestras manos y construir una sociedad donde la propiedad privada de los medios de producción que solo beneficia y enriquece a una minoría sería cosa de la historia. Podríamos poner al politécnico y a la educación al real servicio de la sociedad, tendríamos la posibilidad, con el enorme potencial humano y natural del país, de construir una sociedad rica e igualitaria, donde todo joven, niño, adulto y anciano tenga estudio, trabajo digno o pensión asegurada. Otra sociedad es posible.
 
Puede parecer esto una locura exagerada, también tacharon de utópicos y soñadores a la generación de 1968,  pero no un sueño romántico, no estamos en una época normal. En Túnez, un joven se prendió fuego porque la policía no lo dejaba trabajar, esta fue la gota que derramó el vaso y millones de personas en todo el mundo árabe salieron a la lucha derrocando a dictaduras terribles que llevaban décadas en él poder. 
 
Si hay una política clara de extender la lucha al estudiantado de otras universidades y a los trabajadores del país, este movimiento podrá desarrollarse como el fuego en la pradera seca. Si el Estado consigue su objetivo de que este movimiento se mantenga en los márgenes de la lucha académica y desvinculada del resto de estudiantes y el pueblo trabajador, será derrotado. Lo que se requiere es una dirección fuerte y clara que retome las mejores experiencias de la lucha estudiantil y obrera. Te invitamos a sumarte al CLEP y a La Izquierda Socialista y trabajar por fortalecer la lucha en defensa de la educación pública y por el socialismo en el IPN y fuera de él.
 

 

Fecha: 
27-SEPTIEMBRE-2014