Autonomía, Politécnico y lucha estudiantil

Autor: 
Emilio Diaz

El vertiginoso desarrollo de la lucha estudiantil entre los meses de septiembre y octubre de este año ha generado un intenso debate respecto del camino que debe tomar el Politécnico. Se ha hecho evidente la incapacidad de la estructura interna del IPN para hacer frente a los retos que se avecinan en el futuro. 

 
Los 10 puntos del pliego petitorio son en el fondo un reclamo en contra de la antidemocracia, no obstante, las respuestas de la Secretaria de Gobernación han sido tan poco específicas que la comunidad estudiantil se siente como mínimo insatisfecha, ante ello comienza a desarrollarse una demanda que podría englobar todas las inquietudes: la Autonomía.
 
La palabra suena muy bien, ello implicaría  la intervención del poder legislativo para la integración de una nueva ley orgánica, el reto es enorme pero  no es tampoco menor la necesidad del IPN de hacer un cambio drástico que impida que éste siga atrapado por los caprichos y maniobras de los gobiernos en turno.
 
Autonomía y Constitución
 
La palabra autonomía debe dotarse de contenido, no obstante para no caer en la demagogia, estableceremos los alcances que a ese respecto señala la Constitución en su artículo tercero, fracción séptima:
 
“Las universidades y las demás instituciones de educación superior a las que la ley otorgue autonomía, tendrán la facultad y la responsabilidad de gobernarse a sí mismas; realizarán sus fines de educar, investigar y difundir la cultura de acuerdo con los principios de este artículo, respetando la libertad de cátedra e investigación y de libre examen y discusión de las ideas; determinarán sus planes y programas; fijarán los términos de ingreso, promoción y permanencia de su personal académico; y administrarán su patrimonio. Las relaciones laborales, tanto del personal académico como del administrativo, se normarán por el apartado A del artículo 123 de esta Constitución, en los términos y con las modalidades que establezca la Ley Federal del Trabajo conforme a las características propias de un trabajo especial, de manera que concuerden con la autonomía, la libertad de cátedra e investigación y los fines de las instituciones a que esta fracción se refiere;”
 
Hay muchas universidades e instituciones autónomas, ello no las hace mejores o peores que otras, la verdadera capacidad de trascender de una institución está en el impulso creador de su comunidad y en un contexto de desarrollo vertiginoso como el que se vive en el terreno de la ciencia y la tecnología. En el caso del IPN, la tutela de un Estado, cada vez más identificado con los intereses del gran capital, está generando un freno al ejercicio de las tareas de “educar, investigar y difundir cultura”.
 
¿Por qué queremos autonomía?
 
El último intento de imponer un reglamento interno demostró lo anterior, por tanto para poder avanzar en una concreción plena de las motivaciones que impulsan al actual movimiento estudiantil es necesario luchar por la autonomía en el sentido más amplio posible, es decir:
 
1.- “ gobernarse a sí mismas”
 
En suma deberá significar la democratización de todos los órganos de gobierno y la paridad de los consejos técnicos de las escuelas.
 
2.- “la libertad de cátedra e investigación y de libre examen y discusión de las ideas”
 
Ello implica el fin de la persecución de docentes, administrativos y alumnos que no concuerden con “la visión institucional”, es decir con lo que diga el jefe en turno y de la libertad que los politécnicos podamos intervenir en los más diversos campos del conocimiento incluyendo el cuestionamiento del actual régimen.
 
3.- “determinarán sus planes y programas”
 
Esto debería significar permitirnos debatir los planes y programas que correspondan a las necesidades del desarrollo del país, de los trabajadores, poniendo un límite a la intervención cada vez más descarada de la iniciativa privada en la elaboración del perfil de egreso de nuestros estudiantes.
 
4.- “fijarán los términos de ingreso, promoción y permanencia de su personal académico” 
 
En suma romper con la aplicación de las normas laborales que la SEP pretende imponerle al IPN convirtiéndolo en una simple oficina más. Sobre esta norma el IPN podría definir los criterios para garantizar la estabilidad en el empleo y la calidad de sus trabajadores en función de los fines que la mayoría defina y no los que quiera imponer la burocracia de la SEP.
 
5.- “y administrarán su patrimonio”
 
En nuestro contexto ello supondría poner fin a la dictadura que ejerce la Secretaria de Hacienda  sobre las finanzas de la institución,  que en muchos casos supone poner por encima de los intereses académicos los criterios administrativos y de austeridad de la administración en turno. Administrar el patrimonio propio debe implicar garantizar l gratuidad,  dejando explicita la defensa de la gratuidad de la educación.
 
Una lucha que no se concretará en el corto plazo pero debe iniciarse ya
 
La autonomía no es un fin en sí mismo; en 1929, sectores conservadores atrincherados en la UNAM, pugnaron por la autonomía para protegerse ideológicamente de un régimen para ellos, revolucionario.
 
Hoy, en pleno ejercicio de un poder claramente reaccionario, la autonomía podría ser un bastión para preservar al politécnico  para los intereses  del pueblo trabajador.
 
Esta lucha apenas comienza y materialmente no es posible que una demanda como esta se concrete en días o incluso semanas, será necesaria una lucha en etapas. En suma se trata de:
 
1.-  Concretar, con plazos determinados  compromisos explícitos para las respuestas positivas que supuestamente dio la Secretaria de Gobernación.
 
2.-  Fortalecer las formas de organización de los estudiantes dejando de lado los prejuicios de derecha que el PRI quiere imponerles: “nada de política”, “nada de extender la lucha”, “nada de movilizarse”, etc.
 
3.- Una vez que existan garantías razonables y el consenso de la mayoría de las escuelas levantar el paro, para preparar la siguiente fase de la lucha en donde debería concretarse un proyecto de ley orgánica y reglamento interno que den concreción a la autonomía.
 
4.- Iniciar la batalla social por lograr la autonomía con todos los medios que se requieran.
 
Atreverse a luchar es atreverse a conquistar la victoria
 
A nuestro parecer la lucha por una mejor educación no puede realizarse verdaderamente más que por medio de la transformación de la sociedad, un régimen auténticamente vinculado con los intereses de los trabajadores es el único que podría permitir un ejercicio auténticamente progresista de la educación.
 
No obstante lo anterior, ello no debe implicar que dejemos que la burguesía haga u deshaga en el terreno educativo, también en ese plano debemos dar la batalla si no queremos caer en generalidades sin sentido.
 
Si nos hemos referido al marco constitucional vigente ha sido sólo para señalar que incluso con esa referencia la lucha por la autonomía es posible. Ahora bien, los límites de una lucha de tal magnitud no están o estarán dictados por una ley sino por la fuerza y organización que el movimiento logre.
 
Fecha: 
6-OCTUBRE-2014